Gabriela Warkentin

Lágrimas de Gaza


Gaza.- La bomba estalla siempre cuando estás desprevenido. Escena cotidiana. Calle, gente, murmullo. La tensión acumulada porque así lo impone esa narrativa, la de la cámara que no concede, la que no voltea cuando no quieres ver lo que te muestra. Recorres calles, un poco de la mano de la mirada de esos niños, a veces unas señoras, muy poco aparecen hombres adultos. Es un pueblo, en su ciudad, de mujeres, niños y ancianos. Uno que otro gato, un burro —el cual terminará despanzurrado—, algún perro. Pocos, veo más gatos. O recuerdo más gatos.

Los niños son preciosos. Ojos verdes, de aceituna conocida. Intuyen que la vida puede ser otra o que tal vez está en otra parte. En el mar, dice uno de ellos cuando recuerda al padre que los llevaba y se reían y nadaban y corrían y eran felices. La nostalgia de la felicidad que apenas saboreaste. Porque un día cae la bomba, el misil, el jodido artefacto que explota. Y como vivimos en la era de la tecnología sofisticada, esa cosa no sólo explota sino lo hace muchas veces. Para llegar más lejos. Para arrasar y abrasar.

La cámara tranquila, estás siguiendo la escena y… ¡carajo! Suena el avión, cae esa cosa y todo vuela en pedazos —sorprende que no vuele la cámara misma—. Una que cree estar acostumbrada a la guerra en directo, a la sangre mediatizada, a la realidad aumentada. Y brincas, te brinca el alma, esa cosa estalla ahí. Las calles destrozadas, el burro despanzurrado, la ambulancia, los gritos de las señoras, el llanto de todos, los cadáveres, los pedazos de personas. Qué trabajo me costó seguir viendo. Será que en la vida hay momentos en los cuales cuesta trabajo seguir viendo. Viéndonos. Sabiendo de lo que somos capaces.

Todo sucede en Gaza y sabemos que en esta narrativa los cabrones son los israelíes. Pero la película es tan inteligente como para diluir el contexto. Podría ser, al final, cualquier guerra, cualquier calle. Podrían ser cualquiera los cabrones que tiran esas bombas del demonio, que matan y que obligan a replantear la cotidianeidad. Porque la vida sigue, así tengamos que dormir sobre el piso, y comer lo que queda, y entender que el techo chueco se desploma en cualquier momento.

En un campamento de refugiados, una pequeña. 8 o 10 años. No importa. Narra con firmeza lo que vivió, la muerte de los suyos, las explosiones. La cámara no la suelta. Hasta que se quiebra: la niña, la cámara y el espectador. Y lloramos todos. Terminé de ver la película con gratitud creciente. Porque me abrazó, me enterneció. Y porque entendí otra vez que de lágrimas se arma la sonrisa.


@warkentin le va a los Pumas, odia el chocolate, vive despeinada y todavía quiere seguir en México.

Fotogramas, Gabriel Warkentin, DocsMX, 2020
Fotogramas, Lágrimas de Gaza, DocsMX, 2020
  • Noruega | 2010 | 81 min
  • Título original Gazas tårer
    Dirección Vibeke Løkkeberg
    Producción Terje Kristiansen
    Fotografía Yosuf Abu Shreah, Mwafaq al Khateeb, Saed al Sabaa
    Web https://www.facebook.com/GazasTarer/
  • Sinopsis
  • Con un fuerte estilo y material único, las brutales consecuencias de las guerras modernas son expuestas en este crudo y conmovedor documental. Gazas tårer es una poderosa experiencia cinematográfica que muestra la habilidad con la que mujeres y niños manejan su vida diaria después de la dramática experiencia de ser parte de la guerra que Israel mantiene en contra del pueblo palestino.

Tráiler