Diego Rabasa

Los rebeldes del futbol
Los cuerdos del manicomio

Nuestra actitud ante la locura modela nuestra respuesta ante ella.
DARIAN LEADER



Santiago de Chile, Yamusukro, Sarajevo.- Cualquiera que haya jugado futbol con mediana seriedad sabrá que, dentro del campo, la locura puede ser una de las máximas virtudes que un jugador pueda poseer. ¿Alguien en su sano juicio puede intentar un gol como el que Maradona metió en 1986?
     En el arte, lo mismo: la locura es la daga que rasga los velos que cada época se pone sobre los ojos para explicar la realidad. Duchamp, Bacon y Picasso; Kafka, Hemingway y Rulfo: todos locos. No quiero imponer un romanticismo ubicuo sobre la locura: si con el último segundo de conciencia antes de entrar a un quirófano alguien oye decir al cirujano «Ese güey está loco», no sé qué tan romántico le parecería.
     Incluso un acto de locura puede ser visto con heroísmo desde una perspectiva y con espanto desde otra. Ejemplo: en 1974 el jugador chileno Carlos Caszely deja al dictador Augusto Pinochet con la mano extendida. Se niega a estrechar la mano del asesino cuando la selección fue convocada al Palacio de la Moneda tras conseguir su pase al mundial de Alemania. Decíamos, Caszely deja a Pinochet como el imbécil que era con la mano extendida. Un acto de deliciosa locura suicida que a la postre terminó por costarle a su madre horas de tortura en una ubicación clandestina. Locura romántica, locura descabellada, en el mismo acto.
     Y bueno, regresando al futbol, uno de los más grandes locos que ha dado la historia reciente, cada vez más extinta de estos genios, cada vez más aplastada, aplanada y cooptada por estratosféricas fortunas que han convertido a los equipos en corporaciones nauseabundas y a los jugadores en algo así como brokers de Wall Street deportivos, ha sido sin duda el francés Éric Cantona. Él es el maestro de ceremonias del documental Les rebelles du foot. La película hace un recorrido por cinco lunáticos de las canchas que —raro en su estirpe— poseían convicciones humanas mucho más acendradas y profundas que deportivas.
     Hablábamos ya de Caszely, quien militó en la lucha por la democracia de su país. Antes del retrato del chileno aparece Didier Drogba, el cual logró detener —aplazar sería más preciso— la guerra civil en su país después de comandar a su equipo nacional, Costa de Marfil, al Mundial de Alemania 2006. Le sigue Rachid Mekhloufi que junto con otros nueve desquiciados argelinos dejaron su cómoda vida en Francia para formar un equipo del FLN que promoviera, encausara y exacerbara el movimiento independentista argelino. El documental sigue con el caso brutalmente valiente de Predrag Pašić, quien después de la última guerra de los Balcanes decidió abrir una escuela de futbol multiétnica en la sitiada Sarajevo. Y cierra con el gran Sócrates y su lucha por la democracia durante la dictadura militar de su país.
     Es cierto que por momentos adquiere un tono dramático, pero tendría uno que tener una manzana podrida por corazón o bien la sensibilidad futbolera extinta —situaciones que son casi análogas— para no sentirse conmovido y, por qué no, inspirado por los revolucionarios espíritus que ante ese temible adversario que es la realidad decidieron, como hacen los locos, luchar por inventarse la propia.


@drabasa es miembro del consejo editorial de Sexto Piso.

Fotogramas, Diego Rabasa, DocsMX, 2020
  • Francia | 2012 | 90 min
  • Título original Les rebelles du foot
    Dirección Gilles Perez, Gilles Rof
    Producción Gilles Perez, Gilles Rof
    Fotografía Feinstein Patrick, Gherdoussi Sylvain Luini
    Web https://www.facebook.com/Lesrebellesdufoot/
  • Sinopsis
  • En una época en la que los negocios parecen corromper nuestra relación con el deporte, el indomable Éric Cantona nos muestra a futbolistas que han logrado resistir. Sus nombres son Mekloufi, Sócrates, Pašić, Caszely o Drogba. Cinco jugadores que han sido parte de conflictos o enfrentado a las esferas del poder, convirtiéndose en figuras de resistencia o rebelión, más allá de sus logros deportivos.

Tráiler