Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México

Llamadas telefónicas. Javier Rebollo

Llamadas telefónicas. Javier Rebollo
octubre 13, 2016 Administrador Master

Jirones de una historia, fragmentos, pedazos, restos y residuos, fluidos. Así se viene haciendo el cine moderno desde hace tiempo, en pedazos y a pedazos. Y es que debemos preguntarnos de nuevo, ¿es posible seguir contando historias? No, respondemos, no, al menos no como ayer. Simulamos que las contamos. En la desbastadora Zodiac de David Fincher no hay final; es esa película fundamental la negación de la posibilidad de seguir contándonos.

Cómo hacerlo cuando, además, nos faltan fragmentos, miembros, pedazos. ¿Cómo recomponer la memoria de una historia, de un cuerpo cuando —como en esta película terrorífica de cortometraje— sólo tenemos una pieza como evidencia, una pierna de mujer desprovista de cuerpo, separada, sola, desnuda y mutilada violentamente, como el relato. Relato desprovisto de cuerpos por mor de la (a)puesta en escena, de la fragmentación y el encuadre cortante, de los espacios vacíos, «lugares del crimen», decía Walter Benjamin de las fotografías parisinas de Atget, con el que hay no pocos parecidos.

Hay en esta película un (im)posible relato forense y policial, familiar, y un afán y una necesidad de clausura del mismo, en tanto que se pone en escena y existe la película. «A cada resto, su historia; a cada ausencia, su conjetura», parece decir el informe del forense —con el cual se abre siniestramente la película en off— a propósito de este ayer cuerpo de mujer desmembrado… y necesitados de final.

Película verdaderamente terrorífica y fría, bella y desasosegante, de escenarios fantasmales, vaciados de guión y cuerpos, y, tan sólo, preguntándose las voces de ¿los muertos? vivientes, supervivientes.

Esta película, de bellísimo y fantasmal final, podía haber sido eso, una película, pero sólo es la posibilidad de una película, de un cuerpo, acaso de un país, los restos desmembrados del cadáver del cine en el siglo XXI. Luego aprendemos que el cineasta es chileno, y comprendemos más… o menos.

Javier Rebollo
Cineasta, curioso, vive y bebe en Madrid y en donde sea. Ha ganado tres veces el premio Fipresci de la crítica internacional pese a muchas malas críticas, conferenciante, passeury performer ocasional. Cree que otro cine es posible.

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