Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México

K2. Tocando el cielo. Carlos Aimeur

K2. Tocando el cielo. Carlos Aimeur
octubre 11, 2016 Administrador Master

Cuentan que cuando el alpinista británico George Mallory estuvo en Estados Unidos en 1923 recaudando dinero para su tercer intento de conquistar el Everest, le preguntaron por qué se tenía que escalar la montaña. Él se limitó a contestar «Porque está ahí». No es una respuesta ni una aclaración; esa frase, sobre todo, constata el absurdo del empeño humano. No hay explicaciones. Escalar una montaña, escribir un libro, producir una película son cosas que en muchos casos se hacen porque se necesitan hacer. Es instintivo, egoísta y tiene algo de vanidad y de arrogancia, especialmente cuando se habla de enfrentarse a montañas, porque pelearse con los dioses siempre tiene consecuencias.

«Cuando escalas —dice la directora y narradora del documental K2. Tocando el cielo, Eliza Kubarska— el pasado y el futuro son irrelevantes, todo lo que cuenta es el momento en el que estás. Cuando escalas, no eres la hija de nadie, ni el padre, marido o esposa; eres el dolor de tus músculos y la ambición de alcanzar la cima». No hay nada igual, sostiene. Pero con los años se descubre que hay otras metas, como el deseo de ser madre.

Kubarska, cineasta y alpinista, intenta entender qué es lo más prioritario, resolver la dicotomía maternidad-alpinismo, y para ello mira en su interior y en pasados ajenos, en concreto, los de cuatro niños que vieron como el K2 devoró a sus padres en el verano de 1986. Aquel estío, nueve expediciones se encontraron en la base de la montaña. Trece personas perdieron la vida. Su ambición quedó reducida a nada. Es el verano negro del K2.

Tres décadas después Kubarska viaja con descendientes de tres de los muertos: Lindsey y Chris Tullis, hijos de la cineasta y escaladora Julie Tullis; Lukasz Wolf, hijo de la alpinista y etnógrafa Dobrosława Miodowicz-Wolf; y Hania Piotrowska, que ni siquiera había nacido, hija del famoso alpinista Tadeusz Piotrowska. Kubarska los acompaña hasta la base de la montaña, donde fueron enterrados sus padres, un viaje en el que intentarán entenderlos reviviendo sus últimos días. Catarsis, confesión, angustia, silencio, el paisaje del glaciar Baltoro y del K2, tan bellos e imponentes, se vuelven metáfora de la desolación, mientras los protagonistas liberan los demonios que anidan en la ausencia. «¿En qué estaba pensando?», se lamenta Hania. «¿Sabía que mamá estaba embarazada?».

Con fotografía de Radek Ładczuk y un hábil uso de las texturas cinematográficas, pasando del super-8 al digital, insertando grabaciones antiguas, K2. Tocando el cielo muestra cómo al final todo empeño humano queda reducido a nada frente a la naturaleza. Ya lo decía Werner Herzog en su libro de memorias Conquista de lo inútil. Sus palabras para hablar de la selva amazónica y el río sirven para describir este K2 ante el que se congregan los cuatro huérfanos: «Con majestuosa indiferencia y sarcástico desprecio, todo lo minimizaba: las fatigas de los hombres, la carga de los sueños y los suplicios del tiempo».

@CarlosAimeur
Escritor y periodista. Cinéfilo profesional. Ahora escribo en Plaza, hablo en muchas radios y tengo un hijo de siete años al que le gustan Aerosmith y las bandas sonoras de Harry Gregson-Williams. La culpa es mía.

Ver horarios