DocsMX | Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México

El crazy che

El crazy che
Septiembre 26, 2016 Eduardo Yañez

Argentina | 2015 | 87’ | digital | español, inglés

Sección

Docuthriller

Sinopsis

El crazy che cuenta la historia de Gaede, un ingeniero argentino que, durante la Guerra Fría, se desempeñó voluntariamente como espía para el servicio secreto cubano, revelando información tecnológica de empresas estadounidenses. Tiempo después se entregó a la CIA y se involucró en una operación de contraespionaje que tuvo consecuencias inesperadas.

Ficha técnica

Dirección
Pablo Chehebar, Nicolás Iacouzzi

Producción
Pablo Chehebar, Nicolás Iacouzzi

Fotografía
Alan Badan

Edición
Pablo Chehebar, Nicolás Iacouzzi

Estreno en México

Web
www.metichefilms.com.ar

Contacto
[email protected]

Horarios

Viernes 14 | Foro de la Cineteca Nacional | 21:00

Sábado 15 | Domo Parque México | 16:00

Lunes 17 | Jaima Ciudad Universitaria | 12:00

Martes 18 | Jaima Parque Pushkin | 16:30

Pablo Chehebar (Argentina) estudió imagen y sonido en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Comenzó trabajando en animación y posproducción, y más tarde como asistente de dirección en publicidad, programas y series de televisión. En 2011 él y Nicolás Iacouzzi se unieron para crear Metiche Films y así desarrollar sus propios proyectos.

Nicolás Iacouzzi (Argentina) estudió imagen y sonido en la Universidad de Buenos Aires, Argentina, y se especializó en dirección de actores en la Escuela Internacional de Cine y Televisión en Cuba. Empezó trabajando en series de televisión, comerciales y proyectos audiovisuales y en el 2011, junto con Pablo Chehebar, fundó Metiche Films para desarrollar sus propios proyectos.

El crazy che (2015)

Castores. La invasión del fin del mundo (2015)

2016

DocsMx. México

Festival de Cine LASA. Estados Unidos

Doc Buenos Aires. Argentina

Festival Latinoamericano de Cine Independiente Bahía Blanca. Argentina

Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires. Argentina

 

2015

BAFICI. Argentina

Durante los años ochenta las historias de espionaje, tráfico de información, agentes secretos infiltrados y, en pocas palabras todo aquello que oliera a Guerra Fría, generaba una fascinación que iba de lo meramente fantástico hasta lo morboso. Prácticamente a diario se escuchaban historias de hombres y mujeres espías que robaban información para venderla a las «naciones rivales», aunque no se tenía muy claro el concepto de «rivales», dependiendo éste desde el punto geográfico donde se dieran los hechos. Los unos-contra-los-otros sería lo más correcto. Así, sin mayores adjetivos.

De todas esas historias son pocas las que se pueden validar como ciertas, pero son aún menos las que logran seducir por su extrañeza y grado de complejidad. La que narran los directores Pablo Chehebar y Nicolás Iacouzzi en El crazy che es una de las más rocambolescas que se puedan recordar: Guillermo «Bill» Gaede es arrestado en octubre de 1994 acusado de robar tecnología a la empresa líder en informática Intel, en concreto, la que correspondía al más poderoso microprocesador de la época: el pentium. Sin embargo, el escándalo creció mucho más de ser un simple robo cuando se descubrió que, según el propio Gaede, él era, ni más ni menos, un doble agente al servicio de las naciones socialistas, pero también de la CIA.

La pareja de realizadores arranca esta historia por medio de animaciones 2D que ilustran la captura de Gaede por el servicio secreto argentino, al intentar enterrar las evidencias que posee del robo de tecnología, haciendo de esta micronarración un poderoso ejercicio de estilo noir que se complementa con las entrevistas a cuadro de los familiares y amigos cercanos de Bill, quienes dan testimonio de su personalidad y de cómo creyeron que no era más que un tipo simpático, excéntrico y algo loco, hasta que descubrieron la verdad: lo que cuenta no es producto de las fantasías propias de quien admira las películas de James Bond.

Pronto los directores nos descubren a un hombre jovial e irreverente, pero profundamente seguro de sus convicciones y de que sus acciones presentes y pasadas son las que tenía que hacer en su momento, siempre siguiendo sus ideales. Narradas ahora con la tranquilidad de quien está seguro de que ya pagó las consecuencias, sus palabras nos acercan a un hombre de una cierta ingenuidad que resulta increíble en alguien que pactó al mismo tiempo con Dios y con el Diablo, pero sin saber exactamente cuál era cuál.

Lo que el propio Gaede narra directo a cámara es la forma en cómo, siendo un joven idealista como muchos otros en la década de los setenta, se dejó seducir por las románticas figuras de los iconos revolucionarios Che Guevara y Fidel Castro, creyendo en el socialismo cubano como un modelo político de bienestar común y cuyo sueño utópico era el camino a seguir no tanto por la nación argentina, sino por él mismo, un chico rechazado por el gobierno cubano para radicar en la Isla.

Radicado en Estados Unidos —donde ya había vivido años antes con su familia—, Bill nunca abandonó sus creencias políticas y aprovechó su trabajo como ingeniero en la empresa informática AMD para ayudar al régimen de Castro robando información tecnológica sólo por su fijación en un esquema político en el que, en realidad, nunca vivió y del que se desencantó rápidamente al visitar por primera vez la Isla y descubrir las graves carencias económicas y sociales de un pueblo sojuzgado por un gobierno dictador, al que a partir de esa experiencia decidió derrocar colaborando con el FBI y la CIA.

La vida de Guillermo Gaede es un vertiginoso trabuco de giros de tuerca dignos de las mejoras obras de Tom Clancy o John le Carré, la cual es hilvanada por Chehebar y Iacouzzi descifrando paso por paso las motivaciones de este doble agente y sus maniobras para recopilar las pruebas necesarias de la participación de las agencias argentinas y estadounidenses, grabando audios y videocasetes que más adelante serían sus seguros de vida y las armas con las que pelearía por su libertad, dejando embarazosamente mal paradas a la CIA y al FBI.

En este caso, la lucha de un solo hombre no fue contra el sistema, sino que enfrentó a dos y lo hizo armado únicamente con la seguridad que le daba saber que en todo momento era congruente con sus ideales, pero que éstos, como los de cualquier hombre pensante, pueden cambiar con el tiempo.

José Luis Ortega Torres | @JLOCinefago
Crítico de cine. Fundador y editor de www.revistacinefagia.com. Guionista y conductor del programa Cinefagia en Rock 101 y coautor del libro Mostrología del cine mexicano.