DocsMX | Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México
12 al 21 de octubre | 2017

El cine invisible. Rafael Aviña

El cine invisible. Rafael Aviña
octubre 14, 2016 Eduardo Yañez

En ese México plural, caótico, violento, corrupto que padecemos día a día, todo parece marchar igual o peor. Burocracia, educación, economía, nada avanza. No obstante, existen cambios notables en áreas donde lo incorpóreo se vuelve tangible. El cine nacional es otro. La cinematografía mexicana de fin de siglo poco o nada tiene que ver con los filmes que hoy se producen. El cambio no sólo es cuantitativo, sino brutalmente cualitativo. El de hoy, en su gran mayoría, es un cine sensible, realista, propositivo. La mala noticia es que ese cine no se ve, es invisible a la mayoría de los espectadores nacionales obligados a conformarse con el cine comercial más pueril e irreflexivo que suele llegar a cartelera.

En ese sentido los festivales resultan una suerte de extraño oasis para iniciados. Y dentro de estos, algunos apuestan por un cine doblemente invisible: el documental. Teniendo prácticamente todo en contra DocsMX ha intentado, a lo largo de su breve, pero sustanciosa existencia, otorgar voz a los sin voz, ofreciendo en paralelo una muestra de las tendencias mundiales del documental. Así, una de sus secciones más atractivas que conllevan no sólo altas expectativas, sino una responsabilidad mayúscula es la sección «México ópera prima», pensada para respaldar obras de jóvenes cineastas debutantes que han elegido el arduo y riesgoso sendero del documental.

Uno de los trabajos más atípicos y contundentes de la muestra documental de este año es El charro de Toluquilla, de José Villalobos Romero, realizador tapatío egresado del Centro de Medios Audiovisuales de Guadalajara que narra la insólita historia de Jaime García, conocido precisamente como El Charro de Toluquilla, un cantante vernáculo de Guadalajara —con un parecido cercano al actor Víctor Manuel Mendoza—, portador de VIH, con un estilo de vida desenfadado que asume la paternidad de su hija, una niña que de manera milagrosa no es seropositivo.

Al filme de José Villalobos, ganador de una impresionante cantidad de premios nacionales e internacionales, le sucede algo similar a otro curioso retrato folclórico de charrería filmado en el 2001 por Héctor Hernández: El rey de los coleaderos, un documental sobrado de pietaje que narra la historia de Juan de la Torre y su sueño de convertirse en charro profesional. El Charro de Toluquilla es quizá demasiado largo, sin embargo ello no le resta una serie de méritos que saltan a la vista: una ingeniosa banda sonora, un espléndido trabajo de montaje, de fotografía y sobre todo de concepto, una percepción estilística que bebe mucho de la comedia ranchera y el cine de charros de la época de oro.

El filme consigue que el espectador se identifique con un personaje a todas luces irresponsable pero carismático. La visión machista de Jaime García se encuentra en total correspondencia con esa perspectiva mexicana del cine y la canción vernácula. Además, logra combinar con eficacia, la parte familiar de la joven esposa y la hija, las discusiones con la primera, la vida cotidiana, sus amigos o la bebida, con la noción escapista-fantasiosa cercana a las cintas de Jorge Negrete, Pedro Infante o Vicente Fernández, con la que Villalobos rodea al personaje fanfarroneando con su yegua, galopando por las avenidas o cantando en palenques, para rematar con un final eficaz.

Con ésta y algunas obras como: Baño de vida, La muñeca fea, Margarita y otras más, DocsMX continúa enfocando sus energías hacia la difusión de ese cine nacional de gran aliento y permanente vocación experimental, apoyando una importante tribuna para el documental del nuevo milenio; un género sugerente y en constante evolución, cuyos vasos comunicantes transitan entre la ficción y la realidad.

Rafael Aviña
Escribe sin parar… cine, letras, nota roja, sexo, el centro histórico… ¿qué más se puede pedir?

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