DocsMX | Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México
11 al 20 de octubre | 2018

Dream Boat. Por Flor Aliberti

Dream Boat. Por Flor Aliberti
octubre 15, 2017 editorial

Durante una semana, cientos de hombres de diferentes nacionalidades comparten un viaje en un crucero 100% gay. La cámara de Ferland Milewski se introduce en una comunidad de desconocidos hermanados por la danza, donde las noches transcurren entre fiestas y disfraces, y donde se respira una atmósfera de complicidad.

Entre la multitud que se agrupa día y noche en la cubierta de la embarcación, al ritmo de la música y luciendo atuendos de lo más extravagantes, despuntan algunos personajes que relatan sus historias de vida, reflexionan sobre el amor, el sexo, la identidad, hablan de los obstáculos familiares, sociales, culturales o religiosos con los que se enfrentaron al asumir su homosexualidad, así como de los nuevos dilemas y contradicciones propios al mundo gay sujeto, como el de los heteros, a sus propios estereotipos y taras.

Pese a la exuberancia de un universo visual ciertamente tentador para la mirada de la cámara —universo estilizado con ralentis, flares y planos que evocan una estética a lo Martin Parr—, el documental va más allá del deleite voyerista y del cliché de la fiesta, el erotismo y el sexo. O mejor dicho, estos elementos, esenciales a la experiencia de esta travesía, dan paso a las experiencias en off de los varios protagonistas.

La frivolidad de la noche pasa así a segundo plano, abriendo paso a situaciones banales de carácter más intimista, que tienen lugar en los camarotes, lejos del espacio compartido de la noche de una comunidad marcada por el tópico social del libertinaje. Al desenfreno festivo donde los cuerpos semidesnudos se mezclan y se funden en una gran masa danzante, donde la cámara se pierde entre la multitud, en planos de cuerpos fragmentados, en detalles de cuerpo sin cabeza, de pelvis y caderas y traseros y miembros, al anonimato de la noche se opone la individualización del espacio privado de las habitaciones, momentos de cercanía con los personajes donde entramos en su intimidad, donde se abren a cámara, relatan su historia y confiesan sus miedos y deseos.

El crucero es el lugar donde todas las coacciones sociales se suspenden, donde aquellos que vienen de países en que la homosexualidad está lejos de ser mínimamente tolerada encuentran un lugar de catarsis; una especie de acorazado en un tiempo suspendido. El dispositivo puede, en este sentido, resultar algo reiterativo. Pero esta reiteración resulta quizás necesaria para recrear la dinámica del viaje, donde el día y la noche terminan fundiéndose en un continuum temporal, en un tiempo cíclico que transcurre en una gran danza que nunca se detiene.

Florencia Aliberti
Realizadora audiovisual
Argentina