DocsMX | Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México

District Zero. Carlos Aimeur

District Zero. Carlos Aimeur
Octubre 14, 2016 Eduardo Yañez

«Sin memoria no existimos», escribió el Nobel portugués José Saramago. Sin los recuerdos, no estaríamos aquí. El principio de los tiempos lo marca precisamente la primera vez que se hizo memoria. Los seres humanos nos hemos obsesionado por hallar formas que solidifiquen los instantes, los prolonguen en el tiempo para poder, a su vez, transmitirlos a los demás, dar fe de nuestro saber, nuestro dolor, nuestra vivencia o nuestro pensamiento.

Los teléfonos móviles se han convertido en peculiares aliados al servirnos de guardianes de nuestros recuerdos. Desde que incorporaron cámaras, han dado el salto de herramienta, de instrumento, a diario de nuestra vida. Cada móvil es un mundo y su contenido habla más de su propietario que el más esmerado discurso. Repase su galería de imágenes; revivirá su vida reciente.

Si en nuestro pequeño cosmos el smartphone es útil —casi insustituible—, en el caso de los refugiados sirios adquiere aún más valor. Las imágenes y videos que en ellos se albergan son albaceas de la guerra, notarios de la tragedia, y se convierten en esenciales para señalar a unos gobernantes que han sido incapaces de frenar el horror. Repasar los testimonios crudos y directos que se ven en esas pequeñas pantallas remueve conciencias y nos demuestra cuán cierto es eso de que el hombre es un lobo para el hombre.

District Zero, el documental de los españoles Pablo Iraburu, Pablo Tosco y Jorge Fernández Mayoral, da fe del valor de la memoria a través de las vivencias de Maamun Al-Wadi, propietario de una tienda en un campo de refugiados sirios en Jordania en la que repara smartphones averiados. El testimonio de Maamun tiene algo de metáfora «prometeica». Desde su humilde local, este hombre halla una forma nueva y sencilla de ser héroe. Porque este pequeño comerciante, deprimido, desesperanzado, es al final la última tabla a la que asirse de muchos refugiados para mandar un mensaje de Facebook, para cargar un teclado en árabe, imprimir fotografías o recuperar las imágenes de un móvil que cayó al agua. «Las fotos son recuerdos y no se pueden borrar», dice una de las mujeres, «uno no puede renunciar a ellos». Y para ello brega Maamun desde su tienda. Sobrevivir no puede ser olvidar.

En District Zero hay dolor, hay pena y nostalgia («esos tiempos se fueron y no volverán», dice uno de los testimonios, un antiguo cantante). Esas personas que se hallan apartadas del mundo aguardan a que un día la muerte deje de campar por sus tierras. Y mientras hallan en el recuerdo de su pasado reciente el único motivo de felicidad durante su destierro, aunque los recuerdos a veces no les dejan ni hablar. Las niñas aprenden a sonreír pese a echar de menos a sus hermanos y, como en un Cinema paradiso de supervivientes del infierno, las fotos y los videos de los móviles se suceden devolviendo en su reflejo restos de vida, esa que se niega a morir.

@CarlosAimeur
Escritor y periodista. Cinéfilo profesional. Ahora escribo en Plaza, hablo en muchas radios y tengo un hijo de siete años al que le gustan Aerosmith y las bandas sonoras de Harry Gregson-Williams. La culpa es mía.

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