Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México

Cuando hablamos de la KGB

Cuando hablamos de la KGB
septiembre 26, 2016 Administrador Master

Aš už tave pakalbėsiu

Lituania, Italia | 2015 | 73’ | HD | lituano

Sección

Docuthriller

Sinopsis

Historias de vida, cuyo punto en común son los crímenes de la Unión Soviética, se encuentran en este retrato coral: un luchador por la libertad, un exoperador de la KGB, la esposa de un disidente prisionero en un psiquiátrico, un reportero de prensa clandestina que conoce a su interrogador y un coleccionista de antigüedades que vuelve al lugar de su arresto.

Ficha técnica

Dirección
Maxì Dejoie, Virginija Vareikytė

Producción
Dagne Vildziunaite, Claudio Bronzo

Fotografía
Federico Torres

Edición
Maxì Dejoie, Virginija Vareikytė

Estreno en México

Web
www.facebook.com/fivekgb

Contacto
[email protected]

Horarios

Lunes 17 | Foro Cineteca Nacional | 21:00

Martes 18 | Domo Parque México | 18:00

Miércoles 19 | Jaima Parque Pushkin | 19:15

Jueves 20 | Cine Lido | 21:00

Maxì Dejoie (ItalIA, 1987) empezó a hacer cortometrajes a los 13 años. Desde entonces ha escrito y dirigido varios exitosos cortos que se han presentado en festivales de cine. En 2001 dirigió su ópera prima The Gerber Syndrome, un falso documental que fue distribuido en italia y otros 45 países. Cuando hablamos de la KGB, codirigido con Virginija Vareikyté, es su primer largometraje documental.

Virginija Vareikytė (Lituania, 1986) estudió dirección de artes audiovisuales en la Academia de Música y Teatro de Lituania. Durante ese periodo comenzó a trabajar como investigadora, escritora y directora de documentales culturales, sociales e históricos para televisión.

Maxì Dejoie:

Cuando hablamos de la KGB (2015)

The Gerber Syndrome (2011)

 

Virginija Vareikytė:

Cuando hablamos de la KGB (2015)

The Face Behind the Voices (2012)

2016

DocsMx. México

Festival de Cine Documental Full Frame. Estados Unidos

Festival de Cine de Trieste. Italia

Helsinki Doc Point. Finlandia

Tallinn Doc Point. Estonia

DokFilm. Noruega

Festival Internacional de Cine de Transilvania. Rumania

Piemonte Movie. Italia

Nepatogus Kinas. Lituania

Festival Internacional de Cine Documental de Salaya. Tailandia

Festival de Cine de Ischia. Italia

Aegean Docs. Grecia

En el centro de Vilna, capital de Lituania, se localiza el Museo de las Víctimas del Genocidio, institución que se dedica a preservar y exhibir documentos relacionados con la ocupación de este pequeño país báltico durante cinco décadas, a partir del Pacto Molotov-Ribbentrop de 1940, mediante el cual Hitler y Stalin acordaron que el Ejército Rojo tendría el derecho de invadir Estonia, Letonia y Lituania para integrarlos al sistema comunista como parte de un acuerdo de no agresión entre ambos países. A la ocupación soviética le siguió la nazi, cuando Hitler violó el pacto al invadir Polonia en 1941, hasta que en 1944, Stalin recuperó el control sobre la región del Báltico. Lituania no volvería a ser una nación independiente hasta 1991, tras el colapso del régimen soviético.

Se estima que entre 1941 y 1958 Lituania perdió un millón de habitantes —un tercio de la población— y a la muerte de Stalin el aparato represivo del régimen comunista moderó sus métodos sin perder jamás el control sobre los ciudadanos, que podían ser arrestados en cualquier momento y transportados a la sede de la KGB. Ahí les esperaba una celda diminuta en la que se les encerraba durante varias horas antes de ser llevados a otras más amplias, pero inhumanamente frías, donde podían permanecer meses o años antes de ser liberados, exiliados a Siberia o transferidos a hospitales psiquiátricos. El Museo de las Víctimas del Genocidio ahora ocupa este mismo edificio y el público en general puede visitarlo y, en algunos de sus calabozos, oír a los estudiantes del conservatorio contiguo, tal como hacían en su momento los prisioneros.

En el documental Cuando hablamos de la KGB la cámara recorre esos pasillos mientras se escucha el testimonio de varios disidentes, quienes recuerdan sus motivos para oponerse a un régimen que supervisaba cada aspecto de la vida cotidiana y con el que no se podía negociar. «Creo que al presentar una experiencia individual y auténtica uno puede ver una muestra representativa de esa época, que no procura alcanzar ningún tipo de conclusión. Porque no puede haber ninguna conclusión bajo esas circunstancias», explica Maxì Dejoie, uno de los directores. De ahí que el trabajo se fragmente en vivencias personales que son apenas un atisbo del horror que los lituanos debían soportar por incurrir en las actividades más nimias, siempre que estas fueran consideradas peligrosas por un gobierno de ideario inescrutable para la mayoría de sus súbditos.

La secuencia más aventurada en su aspecto formal es aquella que recrea el operativo que montó la KGB para capturar a un ciudadano cuyo delito sería considerado un mero hobby en otro régimen. Es el mismo protagonista de los hechos quien recorre las calles de Vilna, explicando a cada paso la elaborada trampa de la KGB, mientras que los agentes soviéticos son representados por actores. El resto de los testimonios consiste en entrevistas filmadas a la manera tradicional, pero de gran valor porque arrebatan fragmentos de memoria a la evanescencia del devenir histórico, la misma que le abre paso a la impunidad. Aunque el documental se enfoca en la última etapa de la represión comunista, el tiempo transcurrido vuelve urgente registrar las reminiscencias aún presentes en la mente de las víctimas. Tal es el caso de Algirdas Statkevicius, quien padeció catorce años de cárcel y que no siempre logra deslindar las distintas etapas de su cautiverio debido a su avanzada edad, pese a que su esposa no deja de orientarlo.

Maxì Dejoie y su codirectora Virginija Vareikytė contrastan las palabras de los opositores, que lo mismo podían ser hippies que profesores universitarios, con las de sus celadores. Hay entrevistas con dos exagentes de la KGB, ambos lituanos, quienes explican sus razones para colaborar con un gobierno de ocupación, pero que a la vez son capaces de admitir que el sistema al que obedecían era desleal, libres también ellos de cualquier deferencia a un régimen que parecía inmortal pero que se evaporó en un par de años.

Marco González Ambriz
Coeditor de la revista www.revistacinefagia.com.